LA INFLUENCIA DE LOS CONSULTORES EN LAS CARTERAS: POR QUÉ LAS LISTAS APROBADAS MUEVEN DINERO REAL
Las listas aprobadas por los consultores pueden influir significativamente en las carteras institucionales.
Esta influencia está impulsada por la escala y la autoridad que las grandes empresas de consultoría tienen en el ecosistema de inversión institucional. Como fiduciarios o asesores estratégicos, los consultores desempeñan un papel central en la configuración de la asignación de activos y la selección de gestores entre billones de activos bajo asesoramiento (AUA).
Cómo se elaboran estas listas
Los consultores utilizan un marco consistente para evaluar a los gestores de activos, incorporando factores tanto cuantitativos como cualitativos:
- Rendimiento de la inversión: Rentabilidad relativa y absoluta en múltiples períodos de tiempo, métricas ajustadas al riesgo y comparaciones con pares.
- Personas: Experiencia, antigüedad, rotación y profundidad del equipo de inversión.
- Proceso: Claridad, repetibilidad y solidez del enfoque de inversión.
- Filosofía: Alineación entre las creencias declaradas y el comportamiento real a lo largo de los ciclos del mercado.
- Honorarios: Nivel de honorarios, alineación de intereses y comparación con grupos de pares.
- Organización: Estabilidad, estructura de propiedad, viabilidad empresarial y planificación de la sucesión.
Este marco suele documentarse en cuadros de mando exclusivos o notas de evaluación de gerentes, y se actualiza periódicamente en función de reuniones periódicas, evaluaciones de desempeño y cambios clave en el personal o la estrategia. Solo un subconjunto de gerentes evaluados llega a la lista de aprobados, lo que les otorga una valiosa validación externa.
Consultores como guardianes
En un mercado impulsado por la confianza, los consultores funcionan como guardianes. Además de orientar las decisiones de asignación de activos, muchos actúan como CIO externalizados (OCIO), implementando directamente las decisiones de cartera en nombre de los clientes. En estos acuerdos, la condición de lista aprobada no es meramente consultiva, sino que puede desencadenar mandatos casi automáticos para estrategias que se alinean con la Declaración de Política de Inversión (DPI) del cliente y el modelo de riesgo del consultor.
Importantes consultoras como Mercer, Willis Towers Watson y Aon (las denominadas "Tres Grandes") prestan servicios a clientes institucionales que representan billones de dólares en renta variable, renta fija, alternativas y mercados privados. Su influencia en los flujos financieros es considerable, y sus recomendaciones constituyen un canal fundamental a través del cual los inversores responden a las tendencias del mercado. Además, algunas consultoras segmentan sus listas por región, tipo de estrategia o vehículo de financiación (por ejemplo, cuentas gestionadas por separado frente a vehículos combinados), adaptando la orientación a la normativa específica de cada cliente o a las necesidades de su cartera. Estas distinciones matizadas muestran el nivel de integración que las listas aprobadas mantienen actualmente en los procesos de selección y gobernanza de activos.
A pesar de su ubicuidad y utilidad, las listas aprobadas por consultores se enfrentan a un escrutinio cada vez mayor. Los críticos argumentan que la dependencia de dichas listas puede frenar la innovación, reforzar la ventaja de los inversores tradicionales e incluso generar un comportamiento gregario. Los gestores de fondos que buscan adaptar sus estrategias para obtener un rendimiento a largo plazo pueden verse desanimados a la hora de aplicar tácticas distintivas si estas se salen de las normas de los consultores o dan lugar a calificaciones más bajas.
En muchos casos, las estrategias boutique con buen rendimiento permanecen fuera del alcance de los inversores institucionales debido a la falta de respaldo de los consultores. Estas estrategias "huérfanas" pueden tener características superiores de rentabilidad a largo plazo, pero no logran atraer suficientes activos debido a su ausencia en las listas aprobadas. Por el contrario, algunos fondos con bajo rendimiento conservan el apoyo de los consultores debido a relaciones heredadas, fortalezas no cuantificables o la inercia de los ciclos de revisión trimestrales.
Como resultado, los consultores corren el riesgo de contribuir a la exposición sistémica a beta en lugar de contribuir a la generación real de alfa. Sus listas pueden servir como filtros que restringen los conjuntos de oportunidades institucionales al excluir enfoques de inversión válidos, aunque poco analizados. Este proceso de filtrado conservador puede limitar la exposición a estrategias alternativas o gestores con metodologías poco ortodoxas pero prometedoras.
Hacia una mayor transparencia y equilibrio
En medio de esta crítica, se han intensificado las demandas de transparencia sobre cómo se califica a los gestores, por qué se les rebaja la calificación y los criterios para la inclusión en la lista. Los gestores de activos solicitan cada vez más retroalimentación después de la revisión y se esfuerzan por comprender por qué sus ofertas no obtienen la aprobación. Mientras tanto, algunas instituciones contratan a múltiples consultores o establecen capacidades internas para moderar la dependencia excesiva de la metodología basada en listas de terceros.
También están surgiendo soluciones tecnológicas. Los paneles que presentan los datos de forma objetiva y las plataformas que estandarizan los procesos de revisión de los gestores ofrecen el potencial de democratizar el acceso a los resultados de la diligencia debida. Estas herramientas pueden empoderar a los inversores para que interactúen con mayor confianza sin necesidad de depender completamente de la recomendación subjetiva de un consultor. En definitiva, si bien las listas aprobadas siguen siendo un instrumento fundamental en la búsqueda legítima de carteras de alto rendimiento y alineadas con el riesgo, los inversores institucionales son cada vez más conscientes de la importancia de complementar estas listas con investigación interna, revisiones por pares y atribución de rendimiento independiente. El futuro de la construcción de carteras probablemente resida en modelos híbridos, donde la opinión del consultor se valora, pero no es decisiva.