RIESGO CUANTITATIVO EN CRISIS: PROBLEMAS DE RUPTURA DE LA CORRELACIÓN
Comprender cómo se comporta el riesgo cuantitativo en las crisis es clave para gestionar la exposición a instrumentos que dependen de correlaciones entre divisas.
Un componente crítico en la cuantificación del riesgo cuantitativo es el supuesto de una correlación estable entre el rendimiento del activo extranjero y el factor de conversión de divisas. Esta correlación entre activos es fundamental para determinar el rendimiento esperado de muchos instrumentos cuantitativos. Sin embargo, durante las crisis financieras, estas correlaciones pueden romperse rápidamente y sin previo aviso, socavando las suposiciones del modelo casi instantáneamente.
Dichas rupturas no son teóricas. Durante la crisis financiera mundial de 2008, y de nuevo durante la ola de ventas inducida por la COVID-19 en 2020, estas correlaciones se desviaron significativamente de sus promedios históricos. En tiempos de tensión, las correlaciones inversas tradicionales entre los activos de riesgo y las divisas refugio, como el dólar estadounidense o el yen japonés, desaparecieron o se revirtieron. Este cambio de comportamiento expone la debilidad de los modelos que extrapolan a partir de períodos de calma, especialmente en derivados complejos. El problema principal es el siguiente: los modelos utilizados para fijar el precio de productos cuantitativos suelen asumir una correlación constante. En particular, el ajuste cuantitativo en modelos como Black-Scholes o sus contrapartes estocásticas utiliza una correlación lineal, comúnmente estimada a partir de datos históricos. Este enfoque puede funcionar bien durante períodos de estabilidad, pero se vuelve problemático durante dislocaciones sistémicas cuando las dinámicas no lineales y de cambio de régimen se imponen.
Ejemplos reales de rupturas de correlación
- Durante la crisis de deuda de la eurozona de 2011, las correlaciones entre las acciones y las divisas europeas cambiaron drásticamente, lo que hizo ineficaces las coberturas cuantitativas existentes.
- A principios de 2020, las divisas vinculadas al petróleo reaccionaron violentamente a los cierres del mercado y al desplome de los precios de la energía, desvinculándose de las acciones energéticas e impactando en los derivados cuantitativos vinculados a esos temas.
- Tras la invasión rusa de Ucrania en 2022, las correlaciones entre los activos de los mercados emergentes y las principales divisas cambiaron abruptamente en medio de las sanciones gubernamentales y los controles de capital.
Estos ejemplos ponen de relieve por qué los gestores de riesgos no pueden permitirse asumir la estacionariedad del mercado. Si un modelo asume una correlación promedio de -0,5 basada en datos de la última década, pero esta se dispara a +0,2 en ventas de pánico, la valoración de una operación cuantitativa podría tener un error de millones. Además, un cambio de signo —no solo de magnitud— puede invertir las estrategias de cobertura en tiempo real, convirtiendo las posiciones protectoras en amplificadores de riesgo.Implicaciones para el riesgo y la regulaciónLos reguladores esperan cada vez más que las entidades financieras incluyan la posibilidad de una ruptura de la correlación en sus Procesos de Evaluación de la Adecuación del Capital Interno (ICAAP) y Análisis y Revisión Integral del Capital (CCAR). Esto significa que las pruebas de estrés y la modelización de escenarios deben ir más allá de los shocks de volatilidad y considerar cambios repentinos y dinámicos en las estructuras de dependencia subyacentes.En los círculos de finanzas cuantitativas, algunos han recurrido a funciones de cópula y modelos de cambio de régimen para captar una mayor adaptación. Sin embargo, estos modelos requieren un uso intensivo de recursos computacionales y aún dependen de patrones de crisis pasadas, que podrían no replicarse en crisis futuras. Por lo tanto, la importancia de contar con amortiguadores de riesgo conservadores y protocolos de cobertura adaptativos se vuelve crucial.En conclusión, la ruptura de la correlación durante las crisis no es una excepción; es un patrón recurrente. Los modelos que dependen excesivamente de la estabilidad histórica fallarán en los momentos de mayor necesidad, precisamente cuando la preservación del capital es más crítica.
La sensibilidad del modelo, a veces denominada «riesgo del modelo», es un aspecto inevitable al trabajar con derivados cuantitativos. Estos modelos, basados en supuestos sobre el comportamiento del mercado, enfrentan su mayor prueba en tiempos de turbulencia. Las crisis revelan las limitaciones de la calibración, la fragilidad de los supuestos gaussianos y la falacia de los parámetros inmutables.
Para cuantificar el riesgo cuantitativo, los modelos incorporan múltiples variables de mercado, en particular:
- Volatilidad del activo extranjero
- Volatilidad del tipo de cambio
- Correlación entre las dos anteriores
- Tasas de interés neutrales al riesgo en ambas divisas
Cada uno de estos datos está sujeto a errores de estimación. Sin embargo, su impacto no es simétrico. Por ejemplo, una estimación errónea del 1% en la correlación puede generar errores de precio significativamente mayores que una estimación errónea del 1% en los diferenciales de tipos de interés. Esta no linealidad se vuelve particularmente problemática en derivados con alta convexidad o dependencia de la trayectoria, como las opciones de barrera cuantitativas y las notas estructuradas con características digitales integradas.
Por qué fallan los modelos en las crisis
Las crisis invalidan varios supuestos en los que se basan los modelos financieros:
- Linealidad: Las correlaciones no responden linealmente a la tensión del mercado; Tienden a converger o incluso a revertirse.
- Volatilidad estacionaria: Los parámetros de volatilidad derivados de períodos históricos son rápidamente superados por nuevos regímenes.
- Homogeneidad: El uso de modelos similares en diferentes empresas introduce vulnerabilidades sistémicas, ya que todas reaccionan de manera similar a los eventos de estrés.
En términos prácticos, esto significa que un modelo que funciona bien en el 95 % de los escenarios puede fallar catastróficamente en el 5 % restante, que, lamentablemente, tienden a ser los de mayor impacto. Es importante destacar que los modelos también carecen de agilidad: para cuando los datos del mercado se ajustan a la realidad, lo peor de la dislocación podría ya estar descontado, dejando a los coberturistas expuestos.
Gestión de la sensibilidad con técnicas robustas
Para mitigar los riesgos relacionados con la sensibilidad de los modelos, los gestores de riesgos emplean diversas herramientas complementarias:
- Pruebas de estrés: Evaluación de precios en escenarios extremos pero plausibles (por ejemplo, una caída del 50 % en el precio de los activos y una apreciación del 30 % en la moneda nacional).
- Análisis de escenarios: Exploración de correlaciones en crisis pasadas para visualizar posibles cambios en la valoración.
- Pruebas retrospectivas: Ejecución de modelos contra datos históricos obtenidos para evaluar la precisión.
- Diversificación de modelos: Uso de marcos alternativos como los modelos Heston-Garman, SABR o dependencias basadas en cópulas.
- Superposiciones Prudentes: Incorporación de ajustes de valoración (xVA) para considerar la incertidumbre en los modelos de precios
Mirando hacia el Futuro
La creciente interconexión de los mercados globales implica que el riesgo cuantitativo no se limita a un conjunto específico de instrumentos. Desde productos estructurados vinculados a criterios ESG en mercados emergentes hasta préstamos a largo plazo con garantía cambiaria, el problema se extiende a todas las carteras institucionales. Por lo tanto, es imperativo que tanto los operadores del lado comprador como del vendedor participen en una gestión activa del riesgo de los modelos, especialmente en momentos de mayor incertidumbre o cambios geopolíticos.
Finalmente, las mejores prácticas del sector sugieren que la monitorización en tiempo real de la sensibilidad de los modelos, junto con la recalibración oportuna y las estructuras de escalamiento de decisiones, es clave. Quienes puedan adaptar los modelos dinámicamente e incorporar supuestos de riesgo de cola tienen mayores posibilidades de sortear las crisis con un daño limitado al capital y la reputación.