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GESTIÓN DE CARTERAS: GENERAR RENTABILIDAD A TRAVÉS DE PROCESOS, NO DE PREDICCIONES
Explore cómo los procesos de cartera estructurada pueden superar las estrategias predictivas.
¿Qué es la gestión de carteras basada en procesos?
La gestión de carteras basada en procesos es un enfoque disciplinado y sistemático de la inversión que prioriza la aplicación consistente de métodos de inversión predefinidos sobre la especulación en el mercado o las previsiones. En lugar de basarse en predicciones de movimientos del mercado, variaciones de los tipos de interés o ciclos económicos, la inversión basada en procesos enfatiza la adhesión a un marco de inversión sólido. Esta filosofía asume que, si bien los mercados son volátiles e impredecibles a corto plazo, las estrategias disciplinadas pueden generar rentabilidades superiores ajustadas al riesgo a lo largo del tiempo.
Este enfoque se alinea con un horizonte de inversión a largo plazo, respaldado por principios fundamentales como la diversificación, la asignación estratégica de activos y la rentabilidad. Los inversores que utilizan la gestión de carteras basada en procesos buscan reducir la influencia de las decisiones emocionales y evitar buscar ganancias a corto plazo o reaccionar impulsivamente a las fluctuaciones del mercado.
Los componentes clave suelen incluir:
- Asignación estratégica de activos: Determinar una combinación óptima de activos en función de la tolerancia al riesgo, los objetivos de inversión y el horizonte temporal.
- Reequilibrio: Ajustar periódicamente las ponderaciones de la cartera para mantener la alineación con la asignación estratégica.
- Gestión de riesgos: Emplear parámetros consistentes para gestionar la exposición y reducir posibles pérdidas.
- Selección basada en la evidencia: Construir carteras utilizando información basada en datos, a menudo aprovechando la investigación académica y el rendimiento histórico.
- Disciplina conductual: Mantener un enfoque consistente independientemente del ruido macroeconómico o la información mediática. Sentimiento.
Este enfoque en el proceso resulta especialmente atractivo para inversores institucionales, promotores de planes de jubilación y personas que prefieren la estabilidad financiera a largo plazo a las ganancias especulativas. Además, se alinea estrechamente con la filosofía de la inversión pasiva o basada en reglas, que ha ganado popularidad en las últimas décadas gracias a su transparencia y rentabilidad.
Si bien ningún enfoque de inversión está exento de riesgos, un modelo basado en procesos busca gestionar la incertidumbre reduciendo la dependencia de la precisión de las previsiones, una tarea notoriamente poco fiable. En cambio, busca capturar el crecimiento general del mercado y minimizar los errores de comportamiento y operativos que a menudo erosionan el rendimiento de la cartera.
Es importante destacar que la gestión basada en procesos es adaptable. Permite realizar ajustes en función de las circunstancias personales o los cambios estructurales en los supuestos de la cartera, pero dichos ajustes se realizan de forma metódica, no reactiva. Con el tiempo, esta metodología estructurada puede producir resultados más consistentes y reducir la variabilidad del rendimiento en comparación con las carteras impulsadas por estrategias basadas en predicciones.
Por qué las predicciones a menudo fallan en la inversiónPredecir los movimientos futuros del mercado es notoriamente difícil, una realidad que muchos inversores minoristas e institucionales pasan por alto. A pesar de los recursos dedicados a la modelización económica y la especulación, la mayoría de las predicciones no ofrecen información práctica ni generadora de valor de forma consistente. Los mercados financieros se ven influenciados por una multitud de factores dinámicos, interrelacionados y externos que a menudo son imposibles de modelar con precisión.Uno de los principales inconvenientes de la inversión basada en predicciones es el exceso de confianza en los pronósticos, especialmente en aquellos que se basan en tendencias macroeconómicas, proyecciones de tipos de interés o acontecimientos geopolíticos. Los datos históricos, que a menudo constituyen la base de muchas predicciones, rara vez se repiten de forma idéntica. La naturaleza cambiante del sentimiento de los inversores, las intervenciones políticas y la disrupción tecnológica reducen aún más la precisión de los modelos basados en precedentes históricos.
Las principales razones por las que la inversión basada en predicciones resulta poco fiable incluyen:
- Eventos imprevistos: Las pandemias, las convulsiones políticas o los cambios regulatorios pueden invalidar incluso los pronósticos más sólidos.
- Sesgos conductuales: Las reacciones emocionales como el miedo y la codicia pueden invalidar las expectativas racionales, lo que contribuye a la volatilidad del mercado.
- Limitación de los datos: Incluso con el big data y el aprendizaje automático, la información pasada no siempre es indicativa del comportamiento futuro del mercado.
- Señales ruidosas: Los indicadores económicos a menudo envían mensajes contradictorios, lo que hace que las relaciones señal-ruido sean extremadamente bajas.
- Reflexividad: Las predicciones en sí mismas pueden alterar el comportamiento del mercado a medida que los inversores actúan en función de los resultados previstos, cambiando así la La misma dinámica en la que se basaron las previsiones.
Numerosos estudios académicos, incluyendo los de instituciones como el CFA Institute y premios Nobel como Eugene Fama y Robert Shiller, subrayan la inconsistencia de superar los mercados mediante predicciones. Los gestores de fondos activos, a pesar de su experiencia, con frecuencia obtienen un rendimiento inferior al de los índices de referencia a largo plazo debido a ineficiencias a la hora de predecir correctamente el mercado, lo que conlleva el pago de comisiones más altas.
Esta evidencia refuerza el atractivo de la inversión orientada a procesos. Al centrarse en variables controlables como la estructura de costes, la combinación de activos y los intervalos de reequilibrio, la gestión de procesos reduce la dependencia de la precisión de las previsiones. Favorece prácticas basadas en la evidencia, como la indexación estratégica, las estructuras de baja rotación y la asignación disciplinada de riesgos.
En un mundo donde las predicciones suelen ser erróneas y los resultados están condicionados por la aleatoriedad, los inversores obtienen una ventaja estratégica al aceptar la incertidumbre y gestionarla en lugar de intentar eliminarla. El cambio de las tácticas especulativas a una filosofía basada en procesos marca un punto de inflexión en la estrategia de inversión moderna y la construcción de carteras. En definitiva, construir carteras con precisión predictiva es como construir rascacielos sobre arenas movedizas: una base peligrosa. Por el contrario, la gestión basada en procesos ofrece la estabilidad fundamental necesaria para afrontar las turbulencias a corto plazo mientras se persiguen objetivos financieros a largo plazo.
Elementos fundamentales de un proceso de inversión sólido
La implementación de un proceso eficaz de gestión de carteras depende de la consistencia, la claridad y la adaptabilidad. Si bien los objetivos y el perfil de riesgo de cada inversor pueden variar, los procesos de inversión sólidos suelen compartir varios elementos fundamentales diseñados para generar rentabilidades sostenibles y gestionar el riesgo con prudencia.
1. Objetivos de inversión claros
Toda cartera eficaz comienza con un objetivo bien definido. Ya sea que se trate de crecimiento del capital a largo plazo, generación de ingresos o preservación del capital, los objetivos deben ser específicos, medibles, alcanzables y con plazos definidos. La claridad en los objetivos garantiza que los pasos posteriores del proceso de inversión se ajusten adecuadamente a la tolerancia al riesgo y al horizonte temporal del inversor.
2. Asignación estratégica de activos
La asignación de activos es ampliamente reconocida como el principal impulsor de la rentabilidad de una cartera. Una asignación estratégica divide los activos en diversas clases (acciones, bonos, bienes raíces y alternativas) en función de las expectativas a largo plazo y las preferencias del inversor. Proporciona beneficios de diversificación y establece la base de rendimiento antes de cualquier movimiento táctico.
3. Criterios de selección de inversiones
Dentro de cada clase de activo, los criterios de selección deben reflejar metodologías basadas en la investigación o reglas de selección sistemáticas. Por ejemplo, la selección de acciones puede enfatizar factores como el valor, el momentum o el tamaño, mientras que la selección de bonos puede considerar la duración o la calidad crediticia. Independientemente de la estrategia, la coherencia en los mecanismos de selección ayuda a prevenir cambios de asignación emocionales o subjetivos.
4. Protocolos de reequilibrio
Con el tiempo, las asignaciones de cartera se desvían debido a las fluctuaciones de precios. Establecer un proceso de reequilibrio, ya sea periódico (p. ej., trimestral) o basado en umbrales (p. ej., cuando las asignaciones se desvían en un porcentaje determinado), garantiza que las carteras se mantengan alineadas con la asignación estratégica original. Esta práctica disciplinada promueve inherentemente el control de riesgos y se basa en el principio de "comprar barato, vender caro".
5. Eficiencia en Costos e Impuestos
Minimizar costos y optimizar la eficiencia fiscal impacta directamente la rentabilidad neta. Los fondos con menores comisiones de gestión y rotación tienden a obtener mejores resultados a lo largo del tiempo. De igual manera, las estrategias que aprovechan la recuperación de pérdidas fiscales o utilizan cuentas con ventajas fiscales mejoran aún más los resultados de la cartera. Ser consciente de los gastos forma parte de la creación de riqueza duradera.
6. Marco de Gestión de Riesgos
El riesgo no debe verse simplemente como volatilidad, sino como el potencial de pérdida en relación con la capacidad y disposición del inversor para soportar fluctuaciones. El uso de métricas como el Valor en Riesgo (VaR), los límites de reducción o las pruebas de estrés ayuda a los gestores a diagnosticar la exposición y a configurar las carteras dentro de parámetros aceptables.
7. Gobernanza Conductual
El comportamiento de los inversores, especialmente durante periodos de tensión en el mercado, puede afectar los resultados más que las propias tendencias del mercado. Un proceso de inversión debe incluir medidas de seguridad conductuales, como compromisos previos de asignación de activos, automatización de decisiones y herramientas educativas para evitar reacciones impulsivas ante las caídas del mercado.
8. Monitoreo y Revisión del Rendimiento
El monitoreo continuo permite a los inversores evaluar la eficacia de su estrategia, realizando ajustes cuando sea necesario, evitando cambios reactivos. Los índices de referencia transparentes y las revisiones periódicas facilitan la toma de decisiones informada, evitando las conjeturas.
Al integrar estos elementos, los inversores crean un proceso de gestión de carteras robusto y repetible. El resultado es una experiencia de inversión más resiliente, que reduce la incertidumbre, gestiona los riesgos de forma proactiva y genera rentabilidades compuestas de forma constante a largo plazo, incluso en ciclos de mercado fluctuantes.
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