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CALIFICACIONES S&P VS MERCADOS: CUANDO LAS CALIFICACIONES CREDITICIAS SE QUEDAN POR DETRÁS DE LA REALIDAD

Comprender la discrepancia entre las calificaciones crediticias de S&P y el comportamiento real del mercado

Las calificaciones crediticias de Standard & Poor’s (S&P) son la piedra angular del análisis financiero moderno. Inversores, legisladores y empresas se basan en estas calificaciones para evaluar la solvencia de diversas instituciones e instrumentos. Sin embargo, el panorama financiero global se ve cada vez más influenciado por la rápida evolución de los datos de mercado, que en ocasiones pueden adelantarse a las calificaciones institucionales. Esto nos lleva a una pregunta crucial: ¿las calificaciones de S&P se mantienen siempre al día con la realidad económica y la confianza del mercado?Con el tiempo, se han dado casos notables en los que la evaluación del riesgo crediticio de S&P ha quedado rezagada con respecto a los indicadores proporcionados por el mercado. Esta discrepancia entre los precios basados ​​en el mercado y las evaluaciones de las agencias ha generado debate entre inversores y economistas. ¿Reflejan las calificaciones de S&P evaluaciones de riesgo oportunas y precisas? ¿O son instantáneas históricas que sirven más como confirmación que como predicción?Para comprender plenamente esta brecha, es esencial explorar cómo se determinan las calificaciones, cómo los mercados interpretan el riesgo en tiempo real y las implicaciones sistémicas de los retrasos en la evaluación crediticia. Esta tensión de larga data afecta directamente la gestión de inversiones y la regulación financiera modernas.

Este artículo ofrece un análisis profundo de las diferencias y las ocasionales disparidades entre las calificaciones crediticias de S&P y las interpretaciones del mercado, ilustrando por qué los inversores atentos deben considerar ambas en su toma de decisiones.

S&P Global Ratings, una división de S&P Global Inc., evalúa la solvencia de entidades soberanas, empresas y vehículos de financiación estructurada. Sus calificaciones, que van desde 'AAA' (la más alta) hasta 'D' (incumplimiento), buscan resumir la probabilidad de pago puntual de la deuda. Los resultados de la calificación influyen en el coste del endeudamiento, los requisitos regulatorios de capital, las decisiones de inversión y las cláusulas contractuales de los convenios financieros. El proceso de calificación se basa en una combinación de datos financieros cuantitativos y análisis cualitativo. Los analistas evalúan los estados financieros, los indicadores macroeconómicos, las tendencias del sector, la calidad de la gestión empresarial y los riesgos geopolíticos. Las calificaciones de S&P buscan ofrecer una visión a largo plazo de la estabilidad crediticia y el riesgo, en lugar de reaccionar a las fluctuaciones diarias del mercado.

Existen cuatro categorías principales de calificaciones:

  • Grado de inversión: 'AAA' a 'BBB-'
  • Grado especulativo: 'BB+' a 'B'
  • Altamente especulativo: 'CCC+' a 'C'
  • Incumplimiento: 'D' (indica un incumplimiento de pago)

Estas calificaciones son utilizadas por una amplia gama de partes interesadas:

  • Inversores: para controlar la exposición al riesgo
  • Reguladores: para guiar los requisitos de adecuación de capital
  • Prestamistas: para calcular el costo de Capital
  • Empresas: para determinar la solvencia crediticia durante el financiamiento

Es importante destacar que S&P enfatiza que sus calificaciones crediticias son opiniones, no garantías de rendimiento. Son evaluaciones puntuales, no reflejos en tiempo real de la rápida evolución de los mercados financieros. Se realizan actualizaciones o revisiones frecuentes cuando los nuevos desarrollos son materialmente relevantes, pero este plazo está sujeto a procesos de revisión interna y posibles retrasos.

Si bien esta metodología exhaustiva subraya la credibilidad, el enfoque estructurado y metódico puede hacer que las calificaciones de S&P sean retrospectivas. En la práctica, esto puede revelar una brecha entre las evaluaciones crediticias formales y la evolución de las realidades financieras, especialmente en épocas de turbulencia económica o tensión en el mercado.

Por lo tanto, es fundamental comprender las limitaciones de estas calificaciones y evitar utilizarlas como único indicador de riesgo crediticio, especialmente cuando es esencial una intervención oportuna.

Las acciones ofrecen el potencial de crecimiento a largo plazo e ingresos por dividendos al invertir en empresas que crean valor a lo largo del tiempo, pero también conllevan un riesgo significativo debido a la volatilidad del mercado, los ciclos económicos y los eventos específicos de la empresa; la clave es invertir con una estrategia clara, una diversificación adecuada y solo con capital que no comprometa su estabilidad financiera.

Las acciones ofrecen el potencial de crecimiento a largo plazo e ingresos por dividendos al invertir en empresas que crean valor a lo largo del tiempo, pero también conllevan un riesgo significativo debido a la volatilidad del mercado, los ciclos económicos y los eventos específicos de la empresa; la clave es invertir con una estrategia clara, una diversificación adecuada y solo con capital que no comprometa su estabilidad financiera.

El sentimiento del mercado refleja la percepción del riesgo en tiempo real, impulsada por una multitud de factores, desde informes de resultados y acontecimientos políticos hasta movimientos en las tasas de interés y flujos de liquidez. A diferencia de las agencias de calificación crediticia como S&P, los participantes del mercado reaccionan con rapidez, lo que a menudo provoca fluctuaciones significativas en los precios de los bonos y los diferenciales de swaps de incumplimiento crediticio (CDS) antes de que se produzcan cambios formales en la calificación.Consideremos la crisis financiera de 2008: los mercados crediticios rebajaron el valor percibido de los títulos respaldados por hipotecas meses antes de que se produjeran las rebajas oficiales de S&P. Muchos tramos de alta calificación continuaron manteniendo calificaciones sólidas incluso cuando sus primas de mercado se desplomaron, un retraso que ejemplificó la inercia de las metodologías institucionales. De igual manera, durante los primeros meses de la pandemia de COVID-19, muchos rendimientos se ampliaron rápidamente anticipando los riesgos de impago, mientras que las rebajas formales de calificación crediticia se produjeron con mayor lentitud.Los mercados actúan esencialmente con base en información anticipatoria, integrando nuevos conjuntos de datos que a menudo no están disponibles o no han sido evaluados por las agencias en un momento dado. Los fondos de cobertura, los inversores institucionales y los fondos soberanos utilizan datos en tiempo real y modelos basados ​​en algoritmos para incorporar los riesgos prospectivos. Cuando S&P revisa una calificación, suele confirmar lo que los participantes del mercado ya habían incorporado semanas, o incluso meses antes.

Además, los diferenciales de swaps de incumplimiento crediticio (CDS) pueden servir como indicadores de alerta temprana. El aumento de los precios de los CDS suele predecir el deterioro del crédito antes de las transiciones de calificación. Esta discrepancia crea oportunidades para los inversores activos, quienes pueden anticipar los cambios antes de que sean detectados por el ritmo más lento y orientado al cumplimiento normativo de las agencias de calificación.

Esta desconexión puede deberse a varias limitaciones estructurales:

  • Verificación de datos: S&P debe verificar los datos financieros, la documentación y las previsiones.
  • Deliberación de los analistas: Las decisiones formales pasan por comités.
  • Mitigación de conflictos: Los procedimientos de independencia introducen retrasos.
  • Estándares legales: La supervisión regulatoria ralentiza la orientación rápida.

Sin embargo, estos retrasos no son involuntarios. Forman parte de la estrategia de S&P para mantener la credibilidad y la objetividad a lo largo de los ciclos del mercado. El peligro surge cuando los usuarios finales confían demasiado en las calificaciones sin contrastarlas con las señales del mercado en tiempo real. En ese sentido, el sentimiento del mercado funciona como un indicador adelantado, mientras que las calificaciones rezagadas sirven como herramientas de confirmación. Los inversores conscientes del riesgo suelen utilizar las calificaciones de S&P como referencia, pero complementan su comprensión con modelos propios, informes de emisores y datos del mercado crediticio en tiempo real para tomar decisiones oportunas. Incorporar ambos flujos de información (calificaciones institucionales e inteligencia de mercado) representa una buena práctica.

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