USO DE RIESGOS ALTOS-BAJOS PARA EL TIEMPO: REDUCCIÓN DE CAÍDAS SIN SOBREOPERAR
Aprenda cómo el uso de indicadores de rango alto-bajo puede ayudar a reducir las caídas de la cartera y, al mismo tiempo, evitar una actividad comercial excesiva.
Los indicadores de amplitud del mercado, como la relación máximo-mínimo, no son nuevos. Los analistas técnicos y los gestores cuantitativos los han utilizado durante décadas con diversas técnicas de suavizado, como las medias móviles o el uso de umbrales de tendencia. Estas mejoras ayudan a reducir el ruido y minimizar las señales falsas, algo esencial para evitar el sobrecomercio.
Además del análisis bursátil tradicional, los indicadores máximo-mínimo han cobrado una renovada relevancia en las estrategias de inversión sistemática y las plataformas de robo-advisory. En este caso, sirven como puntos de decisión críticos en el control algorítmico del riesgo, ofreciendo explicaciones basadas en reglas para aumentar las posiciones en efectivo o reducir la exposición a la beta.
Esto ha generado un creciente interés por parte de los gestores de patrimonio y los inversores profesionales que buscan amortiguar la volatilidad sin el coste, tanto financiero como psicológico, de una actividad bursátil excesiva. Para los inversores habituales, comprender el funcionamiento de esta metodología puede mejorar significativamente su confianza y la capacidad de elegir el momento oportuno, especialmente durante períodos de mayor turbulencia en el mercado. En resumen, los indicadores de máximos y mínimos actúan como una lente sencilla pero eficaz para observar la dinámica interna del mercado. Su uso estratégico ayuda a realizar ajustes racionales en la cartera, basados en datos, no en emociones, equilibrando los objetivos de reducción de riesgos y disciplina de inversión.
Aplicar el indicador de máximos y mínimos en un proceso de inversión práctico implica analizar la tendencia del diferencial de máximos y mínimos a lo largo del tiempo y reaccionar únicamente a las señales confirmadas. Esto ayuda a los inversores a evitar operaciones con fluctuaciones bruscas y cambios de posición innecesarios. Exploremos cómo se puede aplicar esto sistemáticamente sin generar una rotación excesiva.
En primer lugar, desarrolle una metodología consistente para interpretar los datos de máximos y mínimos. Esto podría implicar el cálculo de una media móvil de 10 o 20 días de nuevos máximos menos nuevos mínimos. Solo cuando el indicador cruza decisivamente un umbral predefinido (por ejemplo, de positivo a negativo), se debe considerar la acción. Este filtro elimina el ruido transitorio y garantiza que solo se responda cuando el sentimiento del mercado haya cambiado notablemente.
Una segunda táctica es utilizar la señal de máximos y mínimos como complemento, en lugar de como único factor de decisión. Por ejemplo, una cartera compuesta por acciones, bonos y activos alternativos podría aplicar la señal de máximos y mínimos únicamente a la parte de renta variable. Si predominan los nuevos mínimos, el inversor podría reducir la exposición a la renta variable entre un 10 % y un 20 %, ya sea asignando más a efectivo o favoreciendo sectores defensivos. Este ajuste escalonado evita decisiones binarias de todo o nada y reasignaciones completas periódicas.
También es recomendable establecer intervalos de tiempo mínimos entre operaciones, quizás un periodo de bloqueo de 30 días tras realizar un cambio en la asignación. Esto reduce la tentación de operar basándose en cada fluctuación de la lectura de máximos y mínimos. Al combinarse con otras métricas como índices de volatilidad (por ejemplo, el VIX), indicadores macroeconómicos o revisiones de beneficios, la señal de máximos y mínimos se convierte en un elemento más sólido en un marco de toma de decisiones diversificado.
Muchos inversores también superponen el contexto cualitativo. Por ejemplo, si el panorama macroeconómico general se mantiene estable a pesar de un repunte temporal de nuevos mínimos, el inversor podría decidir que el riesgo de caída aún no justifica un cambio estratégico. En este caso, la paciencia se convierte en una ventaja.
Otro enfoque consiste en convertir las señales de máximos y mínimos en regímenes probabilísticos: alcistas, neutrales o bajistas. Mediante pruebas retrospectivas históricas, los inversores pueden determinar la asignación óptima de activos para cada régimen y aplicar las reglas sistemáticamente. Por ejemplo, durante un régimen bajista de máximos y mínimos, el inversor reduciría la ponderación en acciones en un 20% y aumentaría la de bonos u oro en consecuencia. Esta perspectiva basada en regímenes puede reducir sustancialmente las caídas, manteniendo la transparencia y la repetibilidad de las reglas estratégicas.
En última instancia, las señales de máximos y mínimos son una guía basada en datos, no una instrucción definitiva. Su función en la gestión del riesgo es optimizar el tiempo, no predecir la rentabilidad. Si se utilizan con prudencia, dotan a los inversores de un mecanismo racional para aumentar la convicción o la actitud defensiva, a la vez que evitan la tendencia, muy humana, a reaccionar de forma exagerada.
Además, la aplicación de la señal con baja frecuencia ayuda a mitigar el sobrecomercio. Al esperar señales sostenidas (quizás tres días consecutivos o valores promedio que superen los niveles de política), el modelo garantiza la estabilidad. Esto se traduce en menos reequilibrios, períodos de tenencia más largos y una menor rotación de la cartera; todos factores que reducen los costes de ejecución y mejoran el rendimiento después de comisiones.
Una mejora adicional de este enfoque es la integración de la rotación sectorial o las reasignaciones internas de la cartera en lugar de cambios generales a nivel de activos. Por ejemplo, durante las recesiones con máximos y mínimos, una cartera puede rotar de acciones cíclicas a acciones defensivas, reduciendo el riesgo de caída sin salir completamente del mercado. Esto mantiene las carteras alineadas con los objetivos a largo plazo, a la vez que gestiona tácticamente los obstáculos a corto plazo.
En conclusión, si bien el indicador de máximos y mínimos tiene un diseño simple, al aplicarse dentro de un marco de riesgo integrado, puede desempeñar un papel crucial en la reducción de las pérdidas. Mediante una calibración cuidadosa, reglas de reasignación acotadas y la sinergia con métricas de riesgo más amplias, los inversores pueden beneficiarse de una toma de decisiones más clara, menos ruido en las operaciones y una mayor tranquilidad durante los períodos de volatilidad.