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SUPUESTOS FUNDAMENTALES DE LA TEORÍA ECONÓMICA CLÁSICA
Comprender las ideas fundamentales de la economía clásica, desde el interés propio hasta los precios flexibles y el pleno empleo.
¿Cómo impulsa el interés propio el comportamiento económico?Una de las premisas fundamentales de la teoría económica clásica es que los individuos actúan por interés propio, buscando maximizar su propia utilidad. Este supuesto implica que los consumidores buscarán la máxima satisfacción con los bienes y servicios, mientras que los productores se esforzarán por maximizar las ganancias. La suma de estas decisiones individuales, según los economistas clásicos, conduce a una asignación eficiente de recursos en la economía.Esta noción fue defendida con fuerza por Adam Smith en su obra fundamental, La riqueza de las naciones (1776), donde introdujo la idea de la "mano invisible". El concepto sugiere que cuando los individuos persiguen su propio interés, contribuyen inadvertidamente al bien común de la sociedad, destinando los recursos a sus usos más eficientes sin ninguna coordinación centralizada.En este marco, el comportamiento racional desempeña un papel fundamental. Se presume que los agentes económicos sopesan toda la información disponible, evalúan los costos y beneficios de cada decisión y buscan opciones que maximicen su bienestar. Si bien la economía conductual moderna cuestiona el realismo de la racionalidad perfecta, en la teoría clásica, este supuesto es esencial para la simplicidad del modelo y la capacidad predictiva.Implicaciones para la asignación de recursosDado que se asume que los individuos y las empresas actúan racionalmente para alcanzar sus objetivos, la economía clásica propone que los mercados, si se les permite operar sin interferencia gubernamental, distribuirán los recursos eficientemente. En este contexto, los precios actúan como señales: el aumento de precios indica escasez, lo que incentiva a los productores a aumentar la oferta, mientras que los consumidores se ven incitados a reducir el consumo o buscar alternativas.Este mecanismo centrado en el equilibrio constituye la base para respaldar un papel limitado del gobierno. Intervenciones como los controles de precios, los subsidios o las restricciones del mercado corren el riesgo de distorsionar estas señales, generando ineficiencias.
Críticas y limitaciones
Los críticos argumentan que el supuesto del interés propio ignora el comportamiento altruista y la cooperación, que también pueden impulsar las decisiones económicas. Además, las fallas del mercado, como las externalidades o las asimetrías de información, cuestionan el ideal de los mercados puramente autorregulados. No obstante, el supuesto del interés propio proporciona una perspectiva clave a través de la cual los teóricos clásicos analizan la dinámica económica.
Aplicaciones en contextos modernos
Incluso en el discurso económico contemporáneo, el supuesto clásico del interés propio sustenta muchos modelos económicos, incluyendo la mayoría de las teorías microeconómicas. Aunque modificada para incluir perspectivas conductuales, la idea central permanece arraigada en los análisis de costo-beneficio, maximización de la utilidad y marcos de maximización de ganancias utilizados por economistas y formuladores de políticas públicas en la actualidad. En última instancia, los supuestos de interés propio y comportamiento racional proporcionan una base analítica para gran parte de la economía clásica, enfatizando la agencia individual, la toma de decisiones y los mecanismos de mercado que rigen las actividades económicas en un entorno descentralizado.
¿Cómo ven el empleo los teóricos clásicos?
La teoría económica clásica postula que los mercados se ajustan naturalmente para garantizar el pleno empleo a largo plazo. Este supuesto central se deriva de la creencia de que el trabajo, al igual que otros bienes, se ajusta a las leyes de la oferta y la demanda. Los salarios, según esta perspectiva, son flexibles y pueden ajustarse en respuesta a los cambios en la demanda o la oferta laboral.
En los modelos clásicos, el desempleo suele considerarse un fenómeno temporal. Si el desempleo aumenta, se espera que los salarios bajen, lo que aumenta el atractivo para las empresas para contratar. Como resultado, el mercado laboral vuelve al equilibrio sin desequilibrios persistentes. Este ajuste automático restablece el pleno empleo sin necesidad de intervención gubernamental.
La Ley de Say y el pleno empleo
La Ley de Say, un pilar fundamental de la economía clásica, afirma que «la oferta crea su propia demanda». En otras palabras, producir bienes y servicios genera ingresos equivalentes al valor de la producción, lo que garantiza que todos los bienes puedan venderse y que toda la mano de obra pueda encontrar empleo. Según este principio, es improbable que persistan los déficits de demanda, ya que las fuerzas del mercado equilibrarán la producción y el consumo. Esta idea respalda la conclusión de que la escasez de demanda agregada, comúnmente invocada para explicar el desempleo en la economía keynesiana, no es un problema en el marco clásico. Pueden producirse desajustes temporales, pero la economía se autocorrige mediante ajustes de precios y salarios. Para que este supuesto de pleno empleo sea cierto, los economistas clásicos argumentan que los salarios deben ser perfectamente flexibles. Cuando la demanda de mano de obra disminuye, la caída de los salarios reduce el coste de la contratación, lo que contribuye a la estabilización de los mercados laborales. En la práctica, sin embargo, la rigidez salarial —debida a contratos, sindicatos o legislación sobre el salario mínimo— puede retrasar los ajustes, lo que constituye una crítica importante a este supuesto clásico. Además, la creciente complejidad de los mercados laborales modernos y la existencia de desempleo estructural cuestionan la noción de pleno empleo automático. No obstante, los economistas clásicos sostienen que la liberalización del mercado, la flexibilidad y la mínima intervención facilitan resultados óptimos en materia de empleo.
Implicaciones políticas
Esta perspectiva lleva a los teóricos clásicos a abogar por políticas no intervencionistas. Los esfuerzos gubernamentales para reducir el desempleo, como los estímulos fiscales o los programas de bienestar social, se consideran innecesarios o incluso perjudiciales, pudiendo causar inflación o una mala asignación de recursos. En cambio, se prefieren las políticas que fomentan la competitividad y la flexibilidad del mercado, como la reducción de las barreras comerciales o las regulaciones laborales.
Aunque el pensamiento económico moderno incorpora ideas del keynesianismo y otras escuelas, el supuesto clásico de mercados laborales autocorrectivos aún desempeña un papel en los debates políticos contemporáneos, especialmente en asuntos relacionados con la desregulación y la liberalización económica.
En resumen, la creencia en el pleno empleo a través de los mecanismos de mercado resalta el compromiso clásico con una economía autorregulada donde la estabilidad y la eficiencia se logran sin una supervisión gubernamental continua.
¿Por qué la flexibilidad de precios y salarios es fundamental para la teoría clásica?
La teoría económica clásica se basa en la premisa de que tanto los precios de los bienes como los salarios en el mercado laboral son flexibles. Esta flexibilidad garantiza que los mercados puedan autocorregirse, eliminando cualquier desequilibrio temporal y restableciendo el equilibrio entre la oferta y la demanda.Cuando los precios no tienen restricciones y se mueven libremente, la escasez y los excedentes son temporales. Por ejemplo, si hay un exceso de oferta en el mercado de bienes, los precios bajarán, estimulando la demanda y desincentivando la producción hasta que se restablezca el equilibrio. El mismo mecanismo se aplica a los salarios en el mercado laboral. Si surge el desempleo, la caída de los salarios hace que la contratación sea más atractiva, lo que en última instancia devuelve el mercado laboral al pleno empleo.
El papel del mecanismo de precios.
Este proceso de ajuste automático es fundamental en el marco económico clásico y respalda la idea de que la economía se autorregula. También respalda el argumento clásico contra los controles de precios, los subsidios o las leyes de salario mínimo, que obstaculizan el proceso natural de fijación de precios y generan ineficiencias en la asignación de recursos.
Las señales de precios, según los teóricos clásicos, transmiten información crucial. Indican la escasez, el costo y las preferencias del consumidor, orientando a los productores sobre qué ofrecer y en qué cantidad. Cualquier distorsión en las señales de precios induce a error a los participantes del mercado, lo que resulta en sobreproducción, subproducción o mala asignación de recursos.
Ajustes Salariales y Mercados Laborales
Los salarios flexibles son fundamentales para garantizar que la oferta laboral sea igual a la demanda laboral. Los economistas clásicos argumentan que los niveles salariales siempre se ajustarán para garantizar que todos los que quieran trabajar al salario vigente tengan empleo. En otras palabras, no se espera que el desempleo involuntario persista en este modelo.
Sin embargo, los críticos señalan que las restricciones del mundo real, como los contratos salariales, la negociación colectiva y las instituciones gubernamentales del mercado laboral, reducen la flexibilidad salarial. Estas fricciones pueden prolongar el desempleo y disminuir la función restauradora de los ajustes salariales asumidos en el modelo clásico.
Deflación y Reducciones Salariales
En épocas de contracción económica, se espera que la caída de precios y salarios estimule la demanda y la contratación. Sin embargo, observaciones empíricas posteriores a eventos como la Gran Depresión sugieren que la caída de los salarios puede, en realidad, reducir la demanda general, a medida que disminuyen los ingresos reales de los trabajadores, lo que conduce a una mayor contracción económica; este es un argumento central de los economistas keynesianos que se oponen a este supuesto clásico.
A pesar de estas críticas, el supuesto de flexibilidad de precios y salarios sigue siendo un principio central de la economía clásica, especialmente en la formulación de modelos de equilibrio general. Respalda la postura teórica más amplia de que la economía requiere una intervención mínima y que los ajustes naturales restablecerán el equilibrio con el tiempo.
Influencias en la Política y la Ortodoxia
Es importante destacar que este supuesto continúa influyendo en la política económica, particularmente en la defensa de la desregulación. Por ejemplo, las sugerencias para reducir el poder sindical, eliminar las leyes de salario mínimo o liberalizar los mercados se basan en la creencia de que las distorsiones de precios y salarios obstaculizan el desempeño económico. Si bien los formuladores de políticas modernas suelen combinar principios clásicos con herramientas keynesianas, especialmente en tiempos de recesión, la idea central de los mercados flexibles sigue siendo fundamental en los debates sobre el diseño óptimo de las instituciones económicas. Por lo tanto, el supuesto de un ajuste libre de precios y salarios subraya la visión clásica de los mercados eficientes, las respuestas racionales y la creencia de que las economías tienen una propensión natural al pleno empleo y al crecimiento estable.
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