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CAPITAL COMÚN TANGIBLE EN LAS CRISIS: CAPITAL BAJO PRESIÓN
Comprenda cómo las crisis financieras reducen el capital bancario analizando el efecto de las amortizaciones, deterioros y pérdidas crediticias en el patrimonio neto tangible (TCE).
El Capital Común Tangible (CCT) es una métrica financiera clave que se utiliza para evaluar la solidez del capital de un banco, especialmente en tiempos de tensión financiera. Se define como el patrimonio total de los accionistas, excluyendo los activos intangibles, el fondo de comercio y las acciones preferentes. Esta métrica destaca la parte del capital de un banco que mejor absorbe las pérdidas y suele ser utilizada por inversores y reguladores para evaluar la resiliencia ante posibles pérdidas.
El CCT se volvió ampliamente utilizado durante la crisis financiera de 2008, ya que muchos modelos de valoración complejos no lograron captar los niveles reales de solvencia. Por el contrario, el TCE elimina los activos potencialmente sobrevalorados, como el fondo de comercio, y se centra estrictamente en los activos tangibles y líquidos en relación con el capital social.
La fórmula para el TCE es:
TCE = Patrimonio total − Patrimonio preferente − Activos intangibles − Fondo de comercio
Por ejemplo, si un banco informa:
- Patrimonio total: 60 000 millones de libras
- Patrimonio preferente: 10 000 millones de libras
- Activos intangibles y fondo de comercio: 5 000 millones de libras
El TCE sería de 45 000 millones de libras (60 000 millones de libras − 10 000 millones de libras − 5 000 millones de libras). Esta cifra refleja el capital que estaría disponible para los accionistas comunes tras deducir las reclamaciones intangibles y las partidas contables que podrían no resistir el deterioro del mercado.
En períodos de calma económica, el TCE puede no atraer tanta atención. Sin embargo, en tiempos turbulentos, su relevancia aumenta, ya que refleja la capacidad de reserva tangible con la que cuenta un banco antes de perder valor para los accionistas. Se considera que las instituciones con ratios de TCE bajos tienen un colchón de reservas débil, lo que las hace más vulnerables a pérdidas crediticias masivas, amortizaciones de activos o recesiones prolongadas.
El ratio de TCE, una medida relacionada, se calcula a menudo para comparar el TCE con los activos tangibles o los activos totales ponderados por riesgo. Proporciona una medida proporcional de la solidez del capital. Los analistas e inversores observan de cerca este ratio, ya que se ajusta a la composición y calidad del balance.
Características clave del TCE:
- Excluye intangibles contables y acciones preferentes
- Destaca el capital que absorbe las primeras pérdidas
- Se utiliza para comparar la adecuación de capital entre bancos
- Adquiere relevancia durante las crisis financieras
En definitiva, el TCE ofrece una perspectiva esencial para examinar la durabilidad del capital de un banco ante tensiones económicas, eventos crediticios inesperados o cambios en la confianza de los inversores.
Las reducciones de valor afectan significativamente la posición financiera de un banco al reducir el valor contable de los activos en el balance general. Cuando un activo pierde valor permanentemente o se considera deteriorado, generalmente debido a la caída de las condiciones del mercado, el banco debe "reducir" el valor del activo para reflejar su valor razonable. Estos deterioros reducen directamente las ganancias y, por extensión, el capital común tangible (CCT). Este proceso ocurre en varios tipos de activos, entre ellos:
- Préstamos y arrendamientos: Si los flujos de efectivo esperados disminuyen significativamente, se pueden reconocer deterioros.
- Tenencias de valores: Las caídas del valor de mercado, especialmente en las carteras de bonos o acciones destinadas a la venta, pueden forzar la devaluación.
- Bienes inmuebles y otros activos fijos: Las caídas prolongadas en los mercados inmobiliarios o la obsolescencia técnica provocan reducciones en el valor contable.
Las normas contables como la NIIF 9 y los PCGA de EE. UU. (ASC 326) obligan a los bancos a aplicar expectativas prospectivas para las pérdidas crediticias utilizando modelos como la pérdida crediticia esperada (ECL). A medida que empeoran las expectativas, los bancos deben provisionarse contra estas pérdidas anticipadas, lo que reduce sus ganancias y, por ende, sus ganancias retenidas, que constituyen un componente importante del TCE.
En situaciones de estrés extremo, como entornos recesivos, contracciones del mercado de financiación mayorista o colapsos específicos del sector, los bancos pueden verse obligados a registrar rápidas y cuantiosas amortizaciones de activos. Cabe destacar que, durante la crisis financiera mundial de 2008, muchos bancos revalorizaron sus posiciones sobreapalancadas en operaciones de financiación estructurada y respaldadas por hipotecas, lo que diezmó su TCE en cuestión de trimestres.
Las repercusiones de las amortizaciones sobre el TCE incluyen:
- Menor beneficio retenido debido a la reducción del beneficio neto
- Aumento de los gastos de provisiones vinculados a las pérdidas futuras esperadas
- Pérdida de capital si las amortizaciones superan los beneficios
- Menor confianza de los inversores, lo que en ocasiones conduce a la fuga de capitales
Los bancos con un TCE limitado pueden encontrarse rápidamente incumpliendo los umbrales de capital regulatorios o esperados por el mercado tras múltiples amortizaciones. Esto puede obligar al desapalancamiento, a la captación de capital en dificultades o incluso a la intervención estatal para reforzar los balances. Por lo tanto, la promesa de una "fuerte disciplina de amortización" en una presentación de resultados suele indicar que un banco gestiona de forma proactiva las exposiciones emergentes antes de que amenacen los fundamentos de capital.
Además, los reguladores y los observadores del mercado pueden considerar prudentes las amortizaciones agresivas, especialmente si son prospectivas. Dado que la falta de provisiones puede posteriormente generar pérdidas inesperadas, la valoración conservadora de los activos desempeña un papel vital en la preservación del TCE.
Es importante destacar que no todas las amortizaciones se deben a un mal historial crediticio. Algunas pueden reflejar ajustes en los supuestos macroeconómicos o reclasificaciones técnicas. No obstante, independientemente de la fuente, la reducción del valor contable siempre repercute en un TCE reducido, a menos que se compense totalmente con una entrada inmediata de capital.
Las pérdidas crediticias afectan directamente la rentabilidad de un banco y, tras repetidos impactos, pueden erosionar significativamente el capital común tangible (CCT). Una pérdida crediticia se produce cuando un prestatario no reembolsa parte o la totalidad de un préstamo, y el banco concluye que la recuperación es improbable. Estas pérdidas suelen reconocerse mediante provisiones para pérdidas crediticias, que sirven como colchón ante impagos previstos, y son gastos registrados en la cuenta de resultados.Las pérdidas crediticias son especialmente críticas en recesiones sistémicas. Por ejemplo, durante una crisis financiera, los impagos de préstamos tienden a dispararse en las carteras corporativas, minoristas y soberanas. A medida que los bancos se apresuran a provisionar contra estos préstamos morosos, sus ingresos netos se reducen, lo que en última instancia reduce las ganancias retenidas y el TCE.
Mecanismo a través del cual las pérdidas crediticias afectan al TCE:
- Se observa un aumento de la morosidad o los incumplimientos en las carteras de préstamos.
- El banco aumenta sus provisiones para pérdidas crediticias en consecuencia.
- Los gastos de provisión reducen los ingresos netos declarados.
- Un menor ingreso neto resulta en menores ganancias retenidas.
- Las ganancias retenidas, un componente esencial del capital ordinario, disminuyen.
- El TCE disminuye, lo que reduce la protección contra nuevas pérdidas.
Las tendencias de pérdidas crediticias suelen estar asociadas con indicadores económicos como el desempleo, la confianza del consumidor, los índices de precios de la vivienda y la volatilidad de los tipos de interés. Cuando aumenta la tensión macroeconómica, los modelos de pérdidas esperadas proyectan un deterioro de la calidad de los prestatarios, lo que genera mayores provisiones.
En un escenario de crisis:
- Los bancos anticipan una ola de impagos y aumentan considerablemente las provisiones de forma preventiva.
- Varios trimestres de rentabilidad baja o negativa reducen la capacidad de generación de capital.
- Algunos bancos aumentan el capital o recortan los dividendos para preservar el capital.
- Las rebajas de la calificación crediticia se producen si la suficiencia de capital disminuye significativamente.
Los principales marcos regulatorios también influyen en cómo TCE absorbe las pérdidas crediticias. Según Basilea III, el capital ordinario de nivel 1 (CET1), que a menudo se solapa con TCE, es el nivel de capital más analizado. Una disminución del TCE llama la atención de los supervisores y exige planes correctivos como la recapitalización, la venta de activos o la limitación del crecimiento de los activos ponderados por riesgo.
Además, las dificultades crediticias prolongadas obligan a los bancos a rebajar el valor de los préstamos y a realizar cancelaciones reales (eliminación de préstamos irrecuperables), además de provisiones. Estos asientos contables ajustan no solo las ganancias, sino también el valor liquidativo en los balances. En consecuencia, el capital social se agota cuando las pérdidas acumuladas son cuantiosas e incontrolables.
Para los inversores, una caída brusca del TCE indica la necesidad de reevaluar las perspectivas de solvencia de un banco, activar listas de vigilancia en el marco de las pruebas de estrés y, potencialmente, ajustar las expectativas del coste del capital. Por el contrario, unos sólidos colchones de TCE permiten a algunos bancos sortear los ciclos crediticios sin perjudicar gravemente sus operaciones ni la confianza de los inversores.
En general, unos niveles de TCE resilientes, junto con una gestión prudente del riesgo crediticio, permiten a los bancos resistir turbulencias prolongadas. La interacción entre el aprovisionamiento de crédito, la sostenibilidad de las ganancias y los umbrales de capital regulatorio configura las decisiones estratégicas durante las recesiones e influye en la trayectoria de recuperación posterior a la crisis.
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